El hospital no tiene quien lo achuche

05/10/2011
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El bipartito pontevedrés está en contra del nuevo hospital. Su apuesta es Montecelo, aunque aún está por aclarar qué es lo que harían Lores y Louro si la Xunta de Galicia cambiase de opinión y decidiese retomar la ampliación del hospital actual, un plan que defendía en el pasado el actual gerente del CHOP, el exconselleiro de Sanidade José Manuel González, pero que, a diferencia de entonces, el sistema de financiación fuese el mismo que el de Monte Carrasco, es decir, público-privado. ¿Se movilizarían también en contra? En cualquier caso, dado que el nuevo centro sanitario de Marcón es contrario a sus preferencias no apuran a la Xunta para que lo construya y Pontevedra se queda rezagada con respecto a Vigo, donde las obras ya han comenzado. Es decir, no existe una oposición que a nivel autonómico apremie a la conselleira Farjas y pida explicaciones por la ralentización del proyecto. Porque eso es palpable: la rapidez con la que se fueron quemando etapas antes de las municipales fue asombrosa y evidenciaba que el Gobierno autonómico quería demostrar que el nuevo hospital no era una entelequia. No solo se trataba de la tramitación del centro sanitario sino del desdoblamiento de la carretera O Pino-Bora (otro proyecto polémico que rechaza el Concello). El problema es que, una vez pasado ese furor preelectoral, las aguas se han calmado y ya no hay la misma prisa. En ese escenario, el PP local no va a mover un dedo para presionar a la Xunta por razones obvias que tienen que ver con la disciplina de partido y, a mayores, con el hecho de que Telmo Martín no es el alcalde de Pontevedra.

Por tanto, la Xunta puede tomarse las cosas con calma a sabiendas de que la presión no existe. Eso puede suponer un problema serio para Pontevedra. En estos momentos no parece probable que el proyecto de Monte Carrasco se vaya a meter en un cajón, pero el riesgo existe teniendo en cuenta la época de recortes en la que nos encontramos y la situación expuesta anteriormente. La hoja de ruta aún vigente establece que la redacción del proyecto tiene que estar lista en unos meses y la licitación para que se construya el centro sanitario realizada antes de final de año, lo cual se antoja, cuando menos, complicado.


La construcción del nuevo hospital de Monte Carrasco no se ha paralizado ni se ha metido en la nevera, aseguran en el PP, tanto en el local como en el autonómico, pero lo cierto es que la premura con la que se tramitaba el proceso antes de las elecciones municipales es cosa del pasado. La crisis es la misma que la que había a principios de año pero el interés ha decaído y ante ese decaimiento nadie mueve un dedo, aunque por motivos diferentes.

¿Cuál sería el peor escenario posible? El de que Monte Carrasco sea pasto de las tijeras de la Xunta debido a la crisis económica, porque, al fin y al cabo, el Gobierno autonómico no se va a encontrar con una movilización ciudadana e institucional que sí hallaría en otros lugares, y que tampoco se realice la ampliación de Montecelo que reclama el bipartito, porque, evidentemente, si no hay dinero para un proyecto tampoco lo hay para el otro. Entonces, nos tiraremos de los pelos y nos echaremos a la calle a protestar.

Habrá quien se pregunte que de qué sirve protestar por los recortes sanitarios si el resultado viene ser el mismo: que todo sigue igual, como en el caso de la ambulancia nocturna de Marín (en la fotografía). Es posible que no tenga consecuencias inmediatas, pero la movilización sí que ayuda a que la Administración se lo piense dos veces para hacer nuevos recortes al pueblo que protesta, porque llovería sobre mojado.

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